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El Museo del Café y el reto de fomentar el hábito cultural en Chiapas

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Leonor Hernández 

La directora del Museo del Café de Chiapas, María Enriqueta Burelo Melgar, ha puesto sobre la mesa una realidad persistente en la entidad: la urgente necesidad de consolidar una cultura de asistencia a los recintos culturales entre la población local.

 Durante una reciente intervención, la funcionaria comparó la dinámica de participación ciudadana con la de la Ciudad de México, donde el flujo de visitantes es constante, en contraste, señaló que en Tuxtla Gutiérrez todavía falta que los ciudadanos tomen la iniciativa de consultar las agendas institucionales e integrar la visita a los museos como una actividad cotidiana en sus vidas.

Para Burelo Melgar, la vinculación con el sector educativo representa una de las estrategias más esperanzadoras para revertir esta tendencia, destacó como un caso de éxito la colaboración con instituciones como el Conalep, cuyos alumnos no solo recorren las salas, sino que logran conectar de forma genuina con la historia y los procesos de la cafeticultura.

 Estas visitas escolares son, en muchos casos, el primer acercamiento de los jóvenes al patrimonio cultural del estado, logrando despertar una curiosidad que trasciende las aulas y fomenta un relevo generacional en el interés por el grano chiapaneco.

Uno de los pilares que sostiene la relevancia del museo es su oferta de capacitación técnica, la directora subrayó que los talleres de barismo impartidos en el recinto se han convertido en un semillero de profesionales de alto nivel, algunos de los cuales han alcanzado reconocimientos y premios en el sector. 

Lo más relevante, según explicó, es que estos cursos mantienen costos accesibles, esta política de precios sociales tiene como objetivo eliminar las barreras económicas que tradicionalmente alejan a ciertos sectores de la población de los espacios culturales, permitiendo que el conocimiento técnico y la apreciación del café sean derechos al alcance de todos.

La accesibilidad no se limita a los talleres, sino que se refleja en el costo general de acceso, por una cuota de 35 pesos, los visitantes no solo tienen derecho a un recorrido guiado por la historia de este cultivo emblemático, sino que también reciben una cortesía de café expreso o americano. Además, el recinto se mantiene activo mediante la organización de charlas con especialistas y escritores, buscando ser un punto de encuentro intelectual y no solo un espacio de exhibición estática. 

Es un esfuerzo constante por dinamizar la oferta y atraer a nuevos públicos a través de la experiencia sensorial y el diálogo.

Finalmente, Burelo Melgar recordó que el origen del inmueble está profundamente ligado al sector productivo, habiendo nacido como un centro de reunión para los productores de la región, esta esencia comercial y social se mantiene viva a través de la venta de diversas marcas de café en grano provenientes de todo el estado.

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